miércoles, 20 de septiembre de 2017

Guía de lectura: Lectura que acoge


Publish at Calameo


Con esta guía trato de recopilar lecturas realizadas estos años, e incluyo varios apartados breves con documentos bilingües, así podemos ver cómo es la lengua materna de nuestro alumando. Y ellos pueden dar voz a esas historias y poemas en árabe, chino, polaco y rumano, además de poder leerlos en español y trazar puentes entre culturas. 
Los libro album son joyas que nos pemriten trabajar con personas que comienzan a esbozar sus primeras palabras en español pero que necesitan expresar todo un universo interior y estos lirbos favorecen la expresión. 
Las películas son para adolescentes, profesorado y familias  para aproximarse a las realidades tan ajenas, en muchas ocasiones. Algún corto hay como El viaje de Said que puede tratarse con alumnado de 5º y 6º Primaria. 
Espero que os sea útil e interesante.
 

Como llora el mar. Canción


El origen de las migraciones modernas


Más allá de las fronteras

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Literatura infantil africana

La literatura infantil africana también quiere contar sus propias historias

La literatura infantil africana también quiere contar sus propias historias
Deborah Ahenkorah, voraz lectora desde sus tiempos infantiles en Ghana, y ya estudiante en una universidad de los Estados Unidos, decidió fundar allí su propia organización para enviar miles de libros a más de 30 países africanos. Quería que otros niños a los que les gustaba la lectura tanto como a ella, pudieran tener acceso a todos los libros que quisieran. Un día que estaba colaborando para un envío de cerca de 8.000 libros, se encontró con uno entre las manos que le reclamó con fuerza la atención. Al abrirlo descubrió que en él aparecían imágenes de una niña africana. El libro la detuvo en seco. Se dio cuenta de que de los miles y miles de libros que su organización había enviado hasta entonces hacia el continente africano, éste era el primero que representaba a la gente a la cual se enviaban los libros. Deborah comprendió de golpe que desde niña había leído libros occidentales y, después de una década larga, el problema seguía siendo el mismo: los niños africanos seguían sin tener acceso a libros que narraran sus historias o coincidieran con sus realidades. Así fue como en 2008 se le ocurrió crear The Golden Baobab Prize.
El premio que ya va por su 7ª edición ha logrado poner a la literatura infantil del continente bajo un potente foco y hacer emerger a buen número de escritores, gracias a la calidad de los trabajos y a la tarea de difusión de los mismos. The Mechanic's Son de Lauri Kubuitsile fue el primero y Talulah the Time Traveller deMary Okon Ononokpono ha sido la última historia ganadora. En una entrevista, esta última exponía los motivos que la llevaron a escribir el cuento premiado "Los libros africanos que pude leer (en mi infancia) tendían o a ser un refrito de viejas fábulas en las que todo estaba bien, o a narrar experiencias del continente que eran ajenas a la mía. En cuanto a los libros escritos por autores negros de la diáspora, tendían a tener un enfoque centrado en sus experiencia en el Caribe o en América sin que yo como inmigrante africana (residente en Gran Bretaña) pudiera identificarme con facilidad. Quiero corregir esto para mi hija. Creo que es muy importante que los niños vean sus propias experiencias individuales narradas dentro de la cultura popular".
Pero el “Baobab Dorado” ha descubierto también a un gran número de ilustradores. El año pasado inauguraron un galardón para descubrirlos que terminó con 12 finalistas, entre los que había representantes de Ghana, Sudáfrica, Zimbabue o Marruecos, y que ganó la sudafricana Xanele Puren.
Entre los nuevos talentos se encontraba Gyimah Gariba quien está trabajando actualmente en un proyecto de animación en 3D basado en un cuento popular Ashanti, Zineb Benjelloun quien, a través de su obra, busca explorar y reafirmar la identidad cultural marroquí o Jillian Slabbert quien recoge y guarda fotografías para realizar después coloridos y originales collages.
Deborah Ahenkorah (reciente ganadora del Premio Grinnell 2015 que reconoce a jóvenes innovadores) es consciente de las dificultades que presenta la edición y publicación de libros convencionales en el continente africano, donde encontrar buen papel o una máquina de impresión eficiente no es fácil, a lo que se unen los problemas de distribución, almacenamiento y cobro. Ante ello también lo digital se presenta como una alternativa (aún lejana pero que ya está dando sus pasos de manera constante). Ella misma menciona Worldreader, una organización no gubernamental nacida en Estados Unidos que envía lectores de libros electrónicos (Kindles) a niños y escuelas del África subsahariana para fomentar la lectura. Pero la "alternativa" más clara surge a través del móvil, cuyo uso se ha disparado. Mxit es una de las redes sociales más populares mediante el aparato telefónico a través de la que se comparten historias cortas o contenidos didácticos.
Pero mucho antes (e incluso todavía) los cuentos en el continente se narraban de forma oral. Los relatos pasaban de boca en boca y se compartían de generación en generación. Varias han sido las iniciativas que en este sentido han perseguido la recuperación de dicha tradición desde el mismo continente, casi siempre enfocadas al público lector adulto. Sin embargo también existen aquellas que lo hacen para un público infantil-juvenil.
La asociación Ahuim que trabaja en un proyecto en el ámbito educativo-sanitarioen Mozambique es una de ellas. Recopiló durante 6 meses las historias de la literatura oral de sus respectivas etnias y en su propia lengua, al comprobar que apenas había libros infantiles que cubrieran este rico mundo. En edición bilingüe castellano-portugués (gracias al trabajo de Lara Ripoll y de Azimo Sadaca),Cuentos de los niños del mañana (2013) recoge 20 cuentos y fábulas tradicionales mozambiqueñas, que han sido aportadas e ilustradas por los propios niños de Pemba. Se ofrecen historias africanas inéditas del vasto patrimonio de la cultura Macua —la mayoritaria en Cabo Delgado—, o de la cultura Mwani, entre otras.
Más cercana en el tiempo es la iniciativa de la Biblioteca Tebba Diatta de Ossouye (Senegal) que acaba de publicar el volumen El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la baja Casamance (Editorial Libros de las Malas Compañias),con dibujos realizados por los niños de la Biblioteca y escrito por Ana Cristina Herreros e ilustrado por Daniel Tornero.
Durante dos años varias personas se han dedicado a recopilar cuentos de la zona (Baja Casamance, Oussouye, Djimbering y Enampore) contados en diola (“aunque hay muchos diolas: banjal, kasa, quatay, fuñi… “) que se tradujeron al castellano, en su mayoría a través del francés. Los niños y niñas que habían acudido a los talleres que habían organizado durante los veranos de 2014-2015 fueron los principales narradores. Además, las originales composiciones gráficas (muñecos articulados) se han realizado a partir de los dibujos que hicieron los niños para ilustrar sus cuentos en un taller bajo la dirección de Daniel Tornero.
A través de 32 cuentos englobados bajo "cuentos maravillosos", "cuentos novelescos" y "cuentos de animales", nos hablan de "seres que pueblan su imaginación: de los dragones que traen lluvia, de serpientes pitones que se convierten en seres humanos, de baobabs que se tragan a la gente, de genios y genias que habitan los bosques". En un volumen de gran calidad, visualmente muy atractivo y que sorprenderá a todo el que lo lea con unas historias que harán que nos reformulemos en ocasiones las situaciones de las que parten sus personajes y a las que llegan.
Afirman en su "Hoja de ruta" que no han pretendido conseguir un ensayo antropológico, ni filológico, porque este libro maravilloso con ilustraciones llenas de colorido e imaginación, es fruto de un sueño, el de llenar de libros las estanterías de la Biblioteca de Ossouye. De momento tienen la intención de traducirlo al francés y presentarlo en febrero en la propia Biblioteca. De retornarlo a la Baja Casamance, el lugar del que partió.
FUENTE: EL PAIS

Griot

Griot y Griott: dos historias es una

Ngary Mbaye y Ana Griott cuentan cuentos africanos como modo de vida.

Ngary Mbaye y Ana Griot.
Ngary Mbaye y Ana Griot. RUTH FERNÁNDEZ
Ngary Mbaye y Ana Griott cuentan cuentos como modo de vida. Juntos visitan algunas ciudades de España para mostrar el valor añadido de la cultura oral.
En la sala infantil de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife nunca ha estado tan presente el silencio. No se oye ni un ruido y la concentración, mayor de la habitual, casi se puede tocar. Ngary Mbaye lleva allí horas y se dispone a contar su último cuento para el que reaparece con un boubous, una prenda típica de su país, Senegal. Ngary explica a su atento público que es rojo, negro, blanco y amarillo porque él podría ser de cualquier color, de cualquier sitio. “Los cuentos, como el mundo, nos pertenecen a todos”, dice y, a continuación, comienza a cantar en wolof. La narración va a empezar, al ritmo del clac, clac, clac que va marcando con los golpes que da a un cencerro.
Su abuela puso en sus manos un universo: el de la oralidad 
A su lado todo el rato está Ana Cristina Herreros, más conocida en su papel de narradora como Ana Griott, y frente a ellos no sólo hay niños con sus padres, en esta ocasión la sala infantil también tiene como asistentes a jóvenes y adultos que acuden, bien sea para compartir cuentos bien sea para escucharlos. Todos juntos crean el Sila Educa, una iniciativa en el marco del Salón Internacional del Libro Africano (SILA) que, en palabras de Ana, tiene como objetivo “concienciar a los niños e ir creando cantera en los colegios para fomentar cierta sensibilidad con África”. La herramienta para conseguirlo es el cuento. Concretamente El dragón que se comió el sol y otros cuentos de la Baja Casamance (Libros de las Malas Compañías, 2015), una colección de historias contadas e ilustradas por niños de la Baja Casamance, Oussouye, Djimbering y Enampore, y recopiladas por Ana.
Griot y Griott: dos historias es una
Ahora estos relatos llegan a Canarias de la mano de la Red de Escuelas Sin Fronteras (RESF), un colectivo de profesores de Canarias y la región senegalesa de Louga principalmente, pero también de muchos otros sitios y de distintas profesiones que tienen en común las ganas de hacer del mundo un lugar mejor a través de la educación. Esta vez han querido hacerlo ayudando a que se celebre el Sila Educa y que desde Tenerife, Ana, Ngary y los cuentos relatados por los niños de la Baja Casamance, den el salto a Madrid y Cuenca para provocar un deja vu,no se sabe bien si procedente de los cuentos narrados en la infancia o quizás de un pasado remoto en el que la palabra era fuente de sabiduría. “Yo puedo contar los cuentos en cualquier lugar y se entiende lo mismo, hay una comprensión universal”, señala Ngary.

El griot

Ngary trabaja en una radio de Louga y también es griot. Su abuela puso en sus manos un universo, el de la oralidad, y ahora su sabiduría es parte de un repertorio que asciende ya a la interpretación de más de 120 cuentos. Esta recopilación no pertenece sólo a la herencia familiar, “algunos han sido creados desde mi imaginación y otros me los han regalado”. Los cuentos son un regalo y un legado. Por eso a la pregunta de para qué sirven, el griot contesta convencido: “Los cuentos son para educar. Es importantísimo conocer la historia del pueblo de cada uno, de eso hablan los cuentos”. En las naciones del África subsahariana los acontecimientos históricos y los elementos culturales que dan identidad a los diferentes grupos sociales se divulgaban oralmente.
Griot y Griott: dos historias es una
La historia de una sociedad no se plasmaba en una enciclopedia o un libro de texto, se creaba a partir de la narración de un relato orquestado por un narrador, a menudo denominado griot, quien con la modulación de su voz, el sonido de instrumentos y la participación del auditorio componía pieza a pieza, y en conjunto, el patrimonio de su pueblo. “Es que los griots cuentan cuentos, pero también hablan de la historia de su pueblo. O sea, no narran historias maravillosas y tradicionales tal y como estamos acostumbrados a entender en Europa. Los griots recitan las sagas familiares, hablan de los antepasados”, indica Ana.

La Griott

Ana Cristina Herreros es escritora, pero se transforma en Ana Griott para dar vida a los cuentos. “Me apellido orgullosamente Griott en homenaje a estos señores de la palabra y de la memoria de África”, explica una mujer que hace los cuentos tan suyos que solamente con hablar ya parece que está narrando uno. “Al principio contaba de una forma no profesional, pero un día fui a León. Mi amiga de la infancia se estaba muriendo de SIDA y fui a verla. Estaba pequeñita en un sofá tumbada y me dijo: ¿Qué haces en Madrid? Yo pensaba contarle que trabajaba de editora en ese momento en Siruela y hacía mi tesis doctoral, pero me parecía muy aburrido, y le dije: Cuento cuentos. Y me dijo: Cuéntame uno. Lo hice y, durante el momento del cuento, aquella persona en los huesos, de pronto recuperó el color y empezó a sonreír. Cuando acabé me abrazó y me dijo: Qué cosa tan bonita haces. Dos semanas más tarde murió y yo pensé que si para ella ésto era lo más importante, sin duda debía serlo. Y desde entonces soy profesional”. La respuesta de Ana acerca de para qué sirve un cuento va acorde a sus inicios como narradora oral. “Los cuentos sirven para vivir”, dice.
Ana y Ngary recorren diferentes puntos de España contando cuentos
Ana y Ngary se conocen desde hace poco y ahora recorren diferentes puntos de España contando cuentos. A principios de este año, Ana estaba en Senegal con motivo del proyecto solidario que alberga el libro citado arriba, cuyo diez por ciento de recaudación sirve para apoyar a la red de profesores senegaleses que enseñan castellano en la educación secundaria y el bachillerato, así como a la alfabetización de mujeres en la Baja Casamance, que se imparte en la biblioteca Teba Diatta, que poco a poco se va llenando de libros. Junto a la RESF, Ana fue a parar a Louga para dar una formación a los profesores senegaleses, “sobre todo para contarles que es posible aprender castellano con sus propios cuentos”. Y Ngary le hizo una entrevista para Radio FESFOP, la emisora en la que trabaja perteneciente alFestival de Folklore y de Percusión. En verano, volvieron a verse. De nuevo en Louga y de nuevo junto a la RESF, pero en esa ocasión con motivo del Festival del Renacimiento del Patrimonio Cultural Inmaterial (FIRPI, por sus siglas en francés).
Un evento de danza y cuentos tradicionales que ya va por su quinta edición y que dirige el propio Ngary, quien explica que el término ‘renacimiento’ que compone la denominación del festival es debido a que “hubo un tiempo en que había un patrimonio inmaterial que era la danza, la educación colectiva y los cuentos tradicionales. Antes se hacían muchísimas cosas comunitariamente, pero hoy en día esto no sucede y el FIRPI sirve para mostrar a la población lo que hubo hace un tiempo y ya no hay, con la intención de que vuelva a renacer”. Si algo tiene la globalización es precisamente que llega a todas partes, a los países africanos también. De ahí, que como cualquier adolescente, los jóvenes senegaleses “no miran ni se preocupan de sus propias tradiciones porque lo que buscan es otro modelo de vida que puede ser europeo, asiático o norteamericano”, explica Ngary. Para él el festival es importante para volver a “crear comunión, un caldo de cultivo propicio al patrimonio oral antiguo en las nuevas generaciones, para que vivan eso como algo natural”. Y se muestra optimista. “Lo estamos consiguiendo poco a poco. Además de celebrar el festival vamos a las escuelas para explicar nuestro patrimonio cultural”.
Podría decirse que en Occidente la cultura entra por los ojos y en África por los oídos. También podría decirse que como el soporte que recoge los acontecimientos históricos en las sociedades occidentales y el que tradicionalmente lo ha hecho en los países de África al sur del Sáhara, la inmersión de Ana en el mundo de los cuentos es diferente a la de Ngary; y al igual que pasa con la forma en la que se ha divulgado el patrimonio en un sitio y en otro, al final, el resultado es el mismo: ambos lugares trabajaban por conservar el preciado valor de la historia que los define, al igual que Ana y Ngary trabajan por conservar el tesoro perdido que albergan los cuentos